10o. Dom Ord Ciclo A
(Id=387)
Yo quiero misericordia y no sacrificios
Lectura del profeta Oseas
6, 3b-6
Esforcémonos por conocer al Señor: su amanecer es como la aurora y su sentencia
surge como
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Salmo Responsorial
Del salmo 49
Dios salva al que cumple su voluntad
Qui inmaculátus est in via, osténdam
illi salutáre Dei.
Habla el Dios de los dioses, el Señor, y
convoca a cuantos moran la tierra del oriente al oponente: "No voy a
reclamarte sacrificios, pues ante mí están siempre tus ofrendas.
Dios salva al que cumple su voluntad
Qui inmaculátus est in via, osténdam
illi salutáre Dei.
Si yo estuviera hambriento, nunca iría a
decírtelo a ti, pues todo es mío. ¿O a caso yo como carne toros y bebo sangre
de cabritos?
Dios salva al que cumple su voluntad
Qui inmaculátus est in via, osténdam
illi salutáre Dei.
Mejor ofrece a Dios gratitud y cumple
tus promesas al Altísimo, pues yo te libraré cuando me invoques, y tú, me darás
la gloria agradecido".
Dios salva al que cumple su voluntad
Qui inmaculátus est in via, osténdam
illi salutáre Dei.
Se fue robusteció y dio con ello gloria a Dios.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los romanos
4, 18-25
Hermanos: Abraham, esperando con toda esperanza, creyó que habría de ser padre
de muchos pueblos, conforme a lo que Dios le había prometido: Así de numerosa
será tu descendencia
Y su fe se debilitó a pesar de que a la edad de casi cien años, su cuerpo ya no
tenía vigor, y además Sara, su esposa, no podía tener hijos. Ante la firme
promesa de Dios no dudo ni tuvo confianza, antes bien su fe se fortaleció y con
ello dio gloria a Dios, convencido de que él es el poderoso para cumplir lo que
promete. Por eso, Dios lo acreditó esta fe como justicia.
Ahora bien, no sólo por él está escrito que "se le acreditó", sino
también por nosotros, a quienes se nos acreditará, si creemos en aquel que
resucitó de entre los muertos, en nuestro Señor Jesucristo, que fue entregado a
la muerte por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación.
Palabra de Dios.
Gloria a ti, Señor, Jesús.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
El Señor me ha enviado para anunciar a los pobres la buena nueva y proclamar la
liberación a los cautivos.
Evangelizare paupéribus
misit me Dóminus, praedicare captívis remissiónem.
Aleluya.
No he venido a llamar a los justos, sino la los pecadores
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
9,9-13
En aquel tiempo, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a su mesa de
recaudador de impuestos, y le dijo: "Sígueme". El se levantó y lo
siguió.
Después, cuando estaba en la mesa en casa de
Mateo, muchos publicanos y pecadores se sentaron
también a comer con Jesús y sus discípulos . Viendo
esto, los fariseos preguntaron a los discípulos: "¿Por que su Maestro come
con publicanos y pecadores"? Jesús los oyó y les
dijo: "No son lo sanos lo que necesitan de médico, sino los enfermos.
Vayan, pues, y aprendan lo que significa: Yo quiero misericordia y no
sacrificios. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.
Palabra del Señor.
Te alabamos, Señor.
El misterio pascual y el pueblo de Dios
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber
y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios
todopoderoso y eterno, por Cristo, nuestro Señor.
Quien, por su misterio pascual, realizó la obra maravillosa de llamarnos del
pecado y de la muerte al honor de ser estirpe elegida, sacerdocio real, nación
consagrada, pueblo de su propiedad, para que, trasladados de las tinieblas a tu
luz admirable, proclamemos ante el mundo tus maravillas.
Por eso,
con todos los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales cantamos
sin cesar el himno de tu gloria.
[Misa]
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